Cuando un niño llora, se enoja o se frustra, muchas veces reaccionamos de inmediato.
Corregimos. Explicamos. Intentamos que “se calme”.
Y aunque lo hacemos con buena intención, hay algo importante que considerar:
Acompañar no es lo mismo que corregir.
Antes de enseñar, el niño necesita sentirse comprendido y escuchado.
Antes de modificar su conducta, necesita que alguien valide lo que siente.
Porque cuando un niño no se siente comprendido se frustra.
¿Qué podemos hacer diferente?
Con aprecio,
Norma Alicia Soto
“Sabemos que no existen las familias perfectas, pero sí las familias que trabajan para lograr una armonía”.
664.430.9480
norma@normaaliciasoto.com