Un estudio reciente exploró la relación entre las capacidades cognitivas y la regulación emocional en 286 adultos de entre 25 y 85 años.
Los investigadores diferenciaron dos tipos de capacidades cognitivas:
Cognición fluida: es la capacidad para razonar, resolver problemas nuevos y adaptarnos a situaciones que no conocemos.
Cognición cristalizada: se refiere a los conocimientos, aprendizajes y recursos que hemos acumulado a través de la educación y la experiencia de vida.
Los resultados encontraron que las personas con mayor cognición cristalizada mostraron mayor éxito en la regulación emocional, tanto frente a emociones positivas como negativas.
Además, una mayor capacidad cognitiva fluida se relacionó con una mayor capacidad para disminuir la experiencia de emociones negativas.
Un aspecto especialmente interesante es que la experiencia acumulada puede convertirse en un recurso para afrontar situaciones emocionales.
Envejecer no significa únicamente perder capacidades. También significa haber construido conocimientos, estrategias y experiencias que pueden ayudarnos a enfrentar la vida.
Una buena pregunta para reflexionar es:
¿Qué recursos emocionales y cognitivos hemos construido a lo largo de nuestra vida que hoy podemos utilizar para afrontar mejor las dificultades?
Fuente: Growney, C. M., Balota, D. A., & English, T. (2026). Emotion. DOI: 10.1037/emo0001675.










